El género humano era así de raro. Pensó que, de hecho, si había un rey en España, verbigracia, era porque destronó al resto de los españoles. Y para él mismo habría deseado la misma situación, permitirse un capricho que los demás ni siquiera imaginaran poder llevar a cabo, despreciar, o depreciar al pueblo, por ser adorado. En eso podía consistir el contrato social perfecto, hipócrita y eficaz a la par. La mediocridad, en fin, se disparaba cada vez más en todo el mundo, sin apenas sentido crítico, y seguían triunfando los fanatismos de la banalidad.
Atentado por VENGANDO a las 22 de Septiembre 2008 a las 04:35 PMDespreciar al pueblo, sentirse por encima de él... eso lo hago yo todos los días (q asco doy)... luego alguien con mas poder q yo me desprecia... y me pone en mi sitio (aunque le sigo despreciando).
A veces, sólo unas pocas veces, eso q llamamos "el pueblo"... muy de vez en cuando se luce y me da esperanzas