19 de Septiembre 2008

LA OTRA MEJILLA

-"Por fuerza yo ya he puesto una mejilla; usted pondrá la otra" -concluyó la lectura el Consejero de la declaración hostil, en alta voz, desde el asiento trasero. Estalló el mandatario en carcajadas, rotundo y jocundo, mientras se tambaleaba el vehículo sobre los riscos.

-¡No puedo creer que me tenga que enfrentar a enemigos tales! ¡Éste pensará que nos vamos a dar dos besos!

Iba a decir algo más cuando miró hacia su subordinado atrás y vio el cañón del blindado que seguía demasiado cerca la nuca del mismo. Pudo soñar con un atentado, con muchos, de los suyos propios, en alguna ocasión, tal vez...

-Para el vehículo.

Echado el freno por el soldado que conducía, dio orden con una sola mano de que todos los que formaban la retaguardia quedarán allí y montaran un puesto de vigilancia. Y cogiendo de la guantera un mapa tan amplio como sus terrenos y aledaños, Vengando mandó continuar. Atrás dejaban una nube de polvo acre y espeso por entre el cual se movían fantasmas.

-¿Estamos ya en terreno ajeno, Excelencia?

-A juzgar por aquellas formaciones rocosas, diría yo que sí... En realidad nuestras lindes terminan al otro lado de estas colinas de la izquierda, por tanto, sí, estamos en terreno ajeno, en terreno enemigo.

-Excelencia -dijo el soldado-, se acaba el camino.

A eso lo llamaba él camino... Pararon en seco (allí habría sido imposible lo contrario). Ojo por ojo, diente por diente, y mejilla por mejilla, se apostó sobre el parabrisas, sacudió su uniforme y oteó hacia el infinito con sus binoculares. "El enemigo es como la gelatina, se mueve pero no avanza"; tantas palabras ilustres y no recordaba al autor de tal frase. Percibió muy cercano el horizonte, pero yermo, demasiado yermo. Parecía como si más allá no existiera el mundo. ¿Merecería la pena arriesgarse tanto por lo que aparentaba ser tan poco?

Atentado por VENGANDO a las 19 de Septiembre 2008 a las 06:04 PM
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